¡No guarden el botón de reinicio! Biden se prepara para la cumbre fría con Putin 

El presidente ruso Vladimir Putin, conocido por cultivar una imagen de “tipo duro”, participa en un partido de la Liga de Hockey Nocturno en el Bolshoy Ice Dome en Sochi, Rusia, el 10 de mayo. (Alexey Druzhinin/Sputnik)

Cuando los presidentes Joseph R. Biden Jr. (Demócrata) y Vladimir V. Putin se reúnan a la sombra de los Alpes suizos el 16 de junio, el escalofrío será palpable.

Biden será el primer presidente en reunirse con un líder ruso en Ginebra, Suiza, desde el republicano Ronald Reagan, y también el primero desde Reagan en asumir el cargo con una hostilidad expresa hacia el Kremlin.

Biden ha llamado a Putin “asesino”, y señalado sus faltas a los derechos humanos.

E republicano Donald J. Trump, por el contrario, había dicho de Putin: “Me gustaba y yo le agradaba a él”. La secretaria de Estado del demócrata Barack H. Obama, Hillary R. Clinton,  entregó al líder ruso un “botón de reinicio” gigante, George W. Bush dijo que había visto el “alma” de Putin y Bill Clinton abrazó a Boris Yeltsin.

El presidente ruso, Vladimir Putin, y el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, posan antes de una reunión en la sede de las Naciones Unidas en septiembre de 2015, en la ciudad de Nueva York. (Chip Somodevilla/Getty Images)

El drama que se teje en torno a las cumbres ruso–estadounidenses las has convertido en importantes momentos diplomáticos, particularmente en Ginebra, donde Reagan y Mikhail Gorbachev iniciaron el proceso que condujo al final de la Guerra Fría.

Pero, según dijeron expertos en política exterior a Zenger News, las expectativas para esta cumbre son menores.

“La administración de Biden ha establecido sensatamente el objetivo de [sostener] relaciones estables y predecibles entre Estados Unidos y Rusia”, dijo Steven Pifer, miembro principal del Brookings Institution’s Center para Estados Unidos y Europa, a Zenger News. “Dado el estado actual de la relación y las reacciones adversas de Rusia, un reinicio sería demasiado ambicioso”.

El entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, extiende la mano a un niño mientras el presidente de la URSS, Mikhail Gorbachev, a la derecha, observa durante un recorrido por la Plaza Roja de Moscú en mayo de 1988. (Pete Souza/White House via Getty Images)

La relación de la Casa Blanca con el Kremlin ha empeorado durante los primeros meses de la presidencia de Biden. Entre otros problemas, los vínculos se han tensado por el ciberataque de SolarWinds a las redes informáticas del gobierno de Estados Unidos, las continuas provocaciones militares de Rusia contra Ucrania y la ocupación de Crimea, el reciente arresto de un periodista bielorruso y el encarcelamiento del líder de la oposición rusa Alexei Navalny.

No obstante, la administración de Biden ha dicho que centrará la próxima reunión — cuyo telón de fondo será el conocido territorio neutral que ofrecen los Alpes suizos — en áreas en las que Estados Unidos y Rusia pueden encontrar puntos en común.

“Los líderes discutirán toda la gama de cuestiones urgentes, mientras buscamos restaurar la previsibilidad y la estabilidad de la relación entre Estados Unidos y Rusia”, dijo el 25 de mayo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, y agregó que Biden planea centrar las discusiones con Putin en cuestiones de estabilidad estratégica, control de armas, Ucrania y Bielorrusia.

El encuentro cara a cara será parte del primer viaje internacional de Biden como presidente de Estados Unidos, que incluirá reuniones con líderes de la Unión Europea, una cumbre del Grupo de los Siete en el Reino Unido y una cumbre de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) en Bruselas.

La reunión Biden–Putin se produce casi tres años después de que el entonces presidente Trump se reuniera con Putin en Helsinki, Finlandia, y dudara públicamente de la resolución de la inteligencia estadounidense con respecto a la interferencia de Moscú en las elecciones estadounidenses de 2016.

El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, responden preguntas sobre la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016, en una conferencia de prensa después de su cumbre de julio de 2018, en Helsinki, Finlandia. (Chris McGrath/Getty Images)

“Esta será una reunión muy diferente a la que tuvo Trump con Putin. No hay indicios de que Trump se haya preparado seriamente por adelantado, pero uno puede esperar que el presidente Biden esté bien preparado en Ginebra”, dijo Pifer.

“Es bueno que se lleve a cabo la reunión, pero debemos mantener expectativas modestas”.

Sin embargo, aunque Biden dice que busca cooperar con Rusia en asuntos en los que existen intereses compartidos, no ha rehuido la confrontación con el Kremlin.

Estados Unidos impuso sanciones recientemente contra empresas y barcos rusos que participaban en la construcción de Nord Stream 2, un gasoducto de gas natural que conectará a Alemania y Rusia. Dichas sanciones responden a preocupaciones antiguas sobre las consecuencias de una posible dependencia energética de Alemania sobre Rusia.

La medida siguió a la decisión de Biden el mes pasado de expulsar a 10 diplomáticos rusos y sancionar a decenas de empresas e individuos de este país por acusaciones de que Rusia lanzó el ciberataque SolarWinds e interfirió en las elecciones estadounidenses de 2020.

La administración de Biden también anunció sanciones contra varios funcionarios, empresas y entidades rusas en marzo por atacar a Navalny, el líder de la oposición rusa, con un agente neurotóxico, y criticó al Kremlin por encarcelarlo después.

Seguidores del líder de la oposición rusa, Alexei Navalny, marchan en protesta para exigir su liberación de la prisión el 23 de enero, en Berlín, Alemania. (Omer Messinger/Getty Images)

“Biden es el primer presidente estadounidense desde el final de la Guerra Fría que no ha asumido el cargo con la promesa de mejorar las relaciones con Moscú”, dijo A.J. Gawthorpe, profesor de historia y estudios internacionales en la Universidad de Leiden, a Zenger. “Cada uno de sus predecesores prometió algún tipo de reinicio, pero la realidad es que cada uno de ellos deterioró las relaciones”.

“En un momento en el que la administración de Biden está consumida por asuntos internos, esta no busca un dramático reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia”, agregó. “Lo que más quiere es una relación estable con Rusia, con el menor drama posible”.

Pero la relación Biden–Putin se remonta años atrás y no es que esté desmejorada.

Putin fue uno de los últimos líderes europeos en felicitar a Biden por su victoria en las elecciones de 2020, y Biden dice que le dijo a Putin cara a cara en 2011 que “no tiene alma”.

Mientras estaba en la campaña electoral el año pasado, el entonces candidato Biden llamó a Rusia “la mayor amenaza para Estados Unidos”.

Una vez en el cargo, el presidente respondió afirmativamente cuando se le preguntó durante una entrevista si cree que Putin es un “asesino”, lo que llevó al Kremlin a regresar a su embajador en Estados Unidos por primera vez en más de 20 años.

En su primera llamada con Putin como presidente, Biden afirma haber dicho: “Los días en que Estados Unidos aceptaba las agresiones de Rusia … se acabaron”.

A pesar de las advertencias de Biden, Rusia ha continuado su proceso de estira y afloja con Ucrania, a partir del cual se anexó Crimea en 2014. El mes pasado, violó un cese el fuego y reunió tropas en su frontera con este país. Rusia también bloqueó algunos vuelos entrantes de países occidentales la semana pasada, días después de que Bielorrusia forzara el desvío de un avión con destino a Lituania para arrestar al periodista de oposición Raman Pratasevich y su novia.

Rusia también ha estado construyendo su arsenal nuclear desde que Trump se retiró del Tratado de Cielos Abiertos. Dicho acuerdo permitía que cada nación efectuara vuelos de reconocimiento aéreo sobre la otra para garantizar que se cumplieran las obligaciones de no proliferación de operaciones militares. Esa medida dejó al Nuevo START como el único acuerdo vigente en materia de control de armas entre los dos países.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, sale de la Casa Blanca el 27 de mayo. Biden viajaba a Cleveland, Ohio. (Win McNamee/Getty Images)

Si bien el Kremlin acordó extender por cinco años más el Nuevo START, que habría expirado a principios de este año, ya en 2018, Rusia se jactó de haber desarrollado armas nucleares que Estados Unidos no podría detectar ni interceptar si alguna vez fueran disparadas.

“Según todos los indicios, el presidente Joe Biden cree que la Rusia de Vladimir Putin representa una seria amenaza para los intereses estadounidenses. Sin embargo, Biden se da cuenta de que es aún más importante hablar con sus adversarios que con sus amigos”, dijo Doug Bandow, investigador senior del Instituto Cato.

“Él probablemente espera crear un canal de comunicación abierto … que podría usarse para evitar, y si es necesario, desactivar, futuras confrontaciones o crisis”.

Existen opiniones encontradas en cuanto a las noticias de la cumbre de funcionarios estadounidenses y líderes extranjeros. La canciller alemana, Angela Merkel, por ejemplo, agradeció la oportunidad de que Biden y Putin se reúnan y dijo: “La diplomacia solo puede ocurrir si [los líderes] se hablan entre sí”.

La canciller alemana Angela Merkel y el presidente ruso Vladimir Putin llegan a una cumbre en Berlín en enero de 2020. (Adam Berry/Getty Images)

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha aconsejado no tener ninguna “expectativa excesiva”.

Algunos estadounidenses comparten esta perspectiva.

James Carafano, vicepresidente de seguridad nacional y política exterior de la Fundación Heritage, dijo a Zenger que no esperaba que surgiera nada importante de la reunión de Ginebra.

“Desde que llegó, la administración de Biden ha ignorado los últimos cuatro años y simplemente sacó el libro de jugadas de Obama … que se trata principalmente de la desconexión”, dijo Carafano, y agregó que el cambio en la relación binacional fue, al final, un asunto de ida y vuelta. “Si queremos tener una relación diferente con Rusia, necesitaríamos un Putin diferente, y no tenemos uno”.

(Traducido y editado por Gabriela Olmos. Editado por Melanie Slone) 



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