La huelga sin fin: sindicalismo en México 

CIUDAD DE MÉXICO — Más de un año en huelga y no hay solución a la vista.

Así lo viven los miembros del sindicato de Notimex (Agencia de Noticias del Estado Mexicano).

La huelga estalló tras despidos injustificados, el cierre de corresponsalías, el acoso cibernético y el desconocimiento del sindicato por parte de la nueva dirección, encabezada por la periodista Sanjuana Martínez, a quien el presidente Andrés Manuel López Obrador eligió para el puesto.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos también ha acusado a Martínez.

“Sanjuana Martínez Montemayor, directora de Notimex, la agencia de noticias del Estado, ordenó a periodistas eliminar o no publicar contenido sobre ciertas instituciones gubernamentales y funcionarios”, dice el informe.

Los periodistas de Notimex se enfocan en su paro.

“La responsabilidad más importante es sacar adelante la huelga que todavía tenemos vigente”, dice Adriana Urrea, periodista y líder sindical del Sindicato Único de Trabajadores de Notimex (SUTNOTIMEX).

Los trabajadores de Notimex llevan más de un año en huelga. Sus peticiones no son escuchadas debido a las condiciones particulares del sindicalismo en México. (Notimex Twitter)

“Esto implica definir estrategias jurídicas, políticas y mediáticas; supervisar el funcionamiento de la huelga con relación a los campamentos y las guardias; atender las demandas de los compañeros y trabajar en equipo”, dice.

La historia de los sindicatos en México ayuda a explicar cómo las huelgas pueden durar tanto y por qué las soluciones son elusivas.

Un sindicato es la unión voluntaria de trabajadores que buscan proteger sus intereses económicos, profesionales y sociales frente al patrón o empresa. En México, para tener reconocimiento oficial, los sindicatos deben registrarse en la Secretaria del Trabajo y Previsión Social, o en una junta de Conciliación y Arbitraje.

La reducción de jornadas de trabajo y el acceso al seguro social y a la vivienda son algunos de los beneficios que los sindicatos han logrado para los trabajadores.

Sin embargo, hoy su poder es débil. Según cifras del INEGI, en 2020, solo cuatro millones 532 mil asalariados del país pertenecían a un sindicato.

En México, el Estado y los sindicatos no han sido entidades separadas. Tampoco lo ha sido la agencia de noticias, como se ve con el nombramiento de Martínez por parte de López Obrador y en las acusaciones que la periodista enfrenta de callar ciertas notas.

En 1968, las marchas de los trabajadores y estudiantes dominaban las noticias. Sin embargo, los sindicatos exigían lealtad al Estado. (Dominio público)

“En México, predominó el corporativismo sindical”, dice Germán Sánchez Daza, doctor en Economía, maestro en Ciencias Sociales e investigador de la Universidad Autónoma de Puebla. “Es decir, la sujeción de las organizaciones sindicales a los intereses del Estado”.

Los trabajadores en México no fueron los creadores de los sindicatos. El Estado formó las federaciones sindicales, consolidando su influencia sobre la clase trabajadora, con fines político-electorales.

La combinación de acciones represivas y una serie de beneficios laborales y económicos explican la lealtad del sindicalismo corporativo al gobierno y al partido dominante en México. Así, por años, los trabajadores gozaron de buenos salarios y la protección de las leyes, con la condición de no atacar al sistema.

“Los intereses que defienden los sindicatos se plasman en un convenio con la empresa. Este convenio se llama contrato colectivo de trabajo. En este se establecen puestos, funciones, horarios, salarios, prestaciones”, dice Sánchez Daza.

“El sindicato tiene un Comité Ejecutivo formado por cierto número trabajadores representantes de los demás. Ellos firman este contrato. Por medio de este, el trabajador tenía oportunidad de ir subiendo de escalafón, hacer antigüedad y mejorar su sueldo, lo que perjudicaba a los empresarios que no podían hacer uso de un empleado de uno u otro escalafón porque el sindicato lo prohibía”, dice.

De esta manera, los sindicatos del pasado ligados al Estado tenían como misión ayudar a los trabajadores y a sus familias, pero era fácil caer en la corrupción.

“Era sindicalizada porque era hija de [un] trabajador jubilado, pero aun así, para entrar al sindicato, hice un examen”, dice Raquel Moreno, ex trabajadora de la extinta Compañía Luz y Fuerza del Centro.

“Allí, tuve ayuda económica para comprar casa, gastos funerarios, útiles escolares y guardería; aguinaldo tres veces al año, vacaciones, préstamos personales y fondo de ahorro”.

Las prestaciones eran bastas, los horarios cómodos (de 6 horas), el trabajo seguro (no podían despedir a empleados) y la mayoría de las jubilaciones era a los 45 años de edad.

Muchos querían que sus hijos tuvieran los mismos beneficios, “pero esto [el sistema] con el tiempo se fue desvirtuando y corrompiendo”, dice Sánchez Daza. “Las plazas se vendían o el personal que estaba allí, no cumplía con los requisitos que la empresa necesitaba, pero no podían ni moverlos ni correrlos, porque el sindicato entraba en su defensa”.

Los sindicatos en México estuvieron ligados al Estado, y al PRI, durante la mayor parte del siglo XX. (Dominio público)

En declive

Con el tiempo, el sindicalismo corporativista perdió poder.

Cuando Carlos Salinas de Gortari (1988–1994) asumió la presidencia, el poderoso sindicato Central de Trabajadores Mexicanos (CTM), que participó en la política del país por más de 50 años, perdió su influencia. Además, su líder Fidel Velázquez murió en 1997, a la edad de 97 años.

Su larga historia da prueba de los pocos cambios que el sindicalismo mexicano vivió mientras estuvo ligado al Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido en el poder de manera consecutiva por 70 años.

Cuando el PRI perdió su monopolio de poder en 2000, con la elección de Vicente Fox, el sindicalismo se debilitó de manera significativa. El control estatal disminuyó en todos los sentidos.

La expropriación del petróleo en 1938 fue un momento clave para los sindicatos en México, a la par de la consolidación del PRI. En la foto, los trabajadores muestran pancartas que indican sus gremios. (Pemex, Facebook)

Futuro incierto

Hoy, hay menos seguridad en el trabajo para muchas personas. También han surgido los sindicatos a favor de la empresa, llamados sindicatos blancos.

Estos cambios han significado inestabilidad y falta de respeto por los contratos.

“El contrato colectivo de trabajo señalaba que las mujeres se podían jubilar justo a los 24 años 6 meses de servicio”, dijo Moreno. “A mí me faltaba justo el medio año, pero el líder sindical, Martín Esparza, vendió la Compañía [2009] y no pude negociar. Aunque la consigna era liquidarnos para volvernos a contratar, nunca pasó”.

El gobierno actual, con López Obrador en la presidencia por el partido Morena, tiene otra visión del sindicalismo, pero el sistema que ya estaba en marcha tarda en evolucionar, como lo demuestra el caso de Notimex. Además puede resultar contradictorio, como lo denuncia el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

“No hemos hablado con Sanjuana Martínez porque ella no lo permite. Estamos esperando una resolución”, dice Urreta.

“Ella va en sentido contrario a lo que dice López Obrador, que asegura se van a respetar los derechos de los trabajadores y que nuestro conflicto se resolverá con apego a la ley. Queremos restablecer la relación cordial y sana entre empresa y trabajadores, libertad sindical, de asociación y de expresión, que se reconozcan las peticiones del contrato colectivo y que se reinstalen a los compañeros”.

Los trabajadores mexicanos de hoy no confían en los sindicatos. Las protestas callejeras sin líder que los represente son comunes. (Clay Banks/Unsplash)

La reputación de corruptos

El acuerdo comercial firmado por Canadá, Estados Unidos y México (T-MEC) prohíbe importar bienes producidos por trabajo forzoso y violentar a los trabajadores que ejercen sus derechos laborales, y apoya el contrato colectivo.

“Así, todos los contratos colectivos que estén registrados serán consultados por los trabajadores, para acordar cláusulas con el sindicato que los firma”, dice el Sánchez Daza.

Pero la causa de los sindicatos ya está manchada en la mente de muchos mexicanos.

“Con esto se trata de inducir un nuevo sindicalismo, pero el proceso es muy lento. Los trabajadores actuales, que no tienen tradición sindical, no están interesados en ello, pues consideran que los sindicatos son corruptos, y los trabajadores que participaron en la defensa de sus intereses ya están jubilados”.

Además, el hecho de que el gobierno de López Obrador haya elegido a Martínez levanta dudas.

A más de un año de huelga, los empleados de Notimex enfrentan esta encrucijada muy particular de México.

(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)



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