Ayuda humanitaria: cambia vidas en un Haití devastado por un terremoto

Dana Yaari y Ben Katzir, de IsraAID, preparan una distribución de artículos esenciales tras el terremoto en Haití. “Deseo algún día venir aquí como guía turística y no como trabajador humanitario,” dijo Katzir. “Es un país hermoso con gente, historia, cultura y una gastronomía increíble.” (Phalonne Pierre-Louis)

No fue un buen momento para que Ben Katzir dejara todo de lado y volara a Haití.

Cuando un devastador terremoto golpeó la nación tropical caribeña el 14 de agosto, Katzir llevaba justamente un mes dentro de su programa de doctorado de desarrollo sustentable en la Universidad de Tel Aviv.


Aun así, tres días después, estaba en un avión de la compañía JetBlue, viajando más de 10 mil kilómetros desde Israel, para fungir como el coordinador de emergencias de IsraAID en Haití. En el avión, también se encontraba el líder de la misión de ayuda, Dana Yaari.

Cuando un desastre se da en cualquier lugar del mundo, IsraAID y otros organismos israelís son, usualmente, de las primeras instituciones en responder. Esta vez no fue distinta, con un terremoto que dejó a cerca de 684 mil haitianos en una imperiosa necesidad de ayuda emocional y artículos de asistencia.

IsraAID y SmartAID llegaron escasos días tras el desastre.

Una iglesia católica en Baraderes, Haití, arruinada por el terremoto de agosto. (Ben Katzir)

Katzir, de 38 años, estaba interesado en ser parte del esfuerzo de asistencia. Perteneció al equipo de IsraAID en Haití, cuando la nación isleña fue azolada por el terremoto de enero de 2010. Los lazos que forjó en ese momento y durante un período posterior hicieron que le resultara imposible mantenerse alejado.

“Un mes antes del terremoto, uno de los chicos con los que trabaje en 2010 me escribió, ‘Oiga, señor Ben, quiero hacerle saber que me cambió la vida. Me dio una razón para vivirla.”

“Y cuando el terremoto golpeó la isla, inclusive antes de que supiera de él por las noticias, este mismo chico me marcó,” dijo Katzir. “Me reencontré con él. Quiere trabajar con nosotros y, de alguna manera, yo seré el responsable de movilizarlo.”

Agua y luz

Katzir, Yaari, y el gerente de seguridad y protección de IsraAID Joe Serkin, quien llegó unos días más tarde, siguen evaluando las necesidades de las áreas afectadas.

Las necesidades más críticas son los servicios psicosociales, así como el agua, la sanidad y los servicios de higiene (WASH, por sus siglas en inglés).

“Tenemos a dos personas locales maravillosas que trabajaron con nosotros con anterioridad. Uno de ellos es un psicólogo clínico que encabezara los servicios psicosociales. La otra es una agrónoma que encabezara WASH,” dijo Katzir.

Ben Katzir junto con miembros de PRODEV Haití, en la isla. (Cortesía de IsraAID)

“No estamos aquí simplemente para tomar fotografías,” dijo Katzir. “A la par de que estamos evaluando la situación, estamos ya trabajando, distribuyendo refugios, equipos de tratamiento de agua, equipos de higiene y luces solares.”

Él y Yaari trajeron 50 filtros de agua hechos por la organización israelí NUFiltration, con el propósito de distribuirlos a comunidades remotas afectadas por el terremoto.

Han trabajado en conjunto con PRODEV Haití, una organización local que da apoyo a profesores y escuela haitianos, así como con la embajada israelí en la República Dominicana (la cual también da cobertura a Haití) y con el cónsul honorario israelí en Port-au-Prince.

“Estamos haciendo pequeños entrenamientos con base comunitaria para enseñarles cómo usar el equipo por su cuenta, así como también contamos con una máquina que llevamos de comunidad a comunidad con el fin de tratar el agua,” dijo Katzir en una conversación de WhatsApp afectada por la mala conexión entre los participantes.

‘Cada día se siente como un mes’

El terremoto tuvo un saldo de más de 2,200 muertes y el desplazamiento de 30 mil familias.

Al viajar por las distintas áreas con los trabajadores locales para evaluar el daño y el cómo pueden ayudar, los trabajadores de IsraAID han encontrado situaciones que les han roto el corazón.

“Sus necesidades de por sí eran gigantescas, pero el terremoto ha empeorado todo,” dijo Katzir.

“Nos hemos encontrado a gente que ha perdido a sus seres queridos. Encontramos a una madre que no sabía dónde estaba su hijo, así como un hijo que tenía miedo de separarse de su padre.”

El jefe de la misión de asistencia, Dana Yaari, distribuye suministros en Haití. (Cortesía de IsraAID)

Para empeorar la situación, el terremoto ha tenido numerosas réplicas, a la par de que una tormenta tropical ha traído fuertes vientos y lluvias a la nación caribeña.

“La gente nos ha comentado que, debido a que las lluvias vinieron tras el terremoto, los ríos desbordados se han llevado los cadáveres, por lo que no pueden tomar el agua de estos cuerpos acuíferos,” dijo Katzir. “Mucha gente estaba durmiendo a la intemperie, incluso si su casa no estaba completamente destruida, porque tenía miedo.”

Al equipo de IsraAID, quienes tomaron refugio temporal en los terrenos de una escuela, las fuertes lluvias lo forzaron a abandonar sus tiendas e instalarse dentro de los salones de clase. (Se suponía que la escuela abriría sus puertas el 6 de septiembre, pero Katzir no cree que esto pasará, debido a que muchas escuelas en las áreas afectadas sufrieron daños).

Los deslaves hicieron que los caminos a muchas de las escuelas a las que intentaban se volvieran inaccesibles por medio de vehículos. Debido a esto, instalaron centros de distribución donde los profesores pueden llegar a obtener los suministros.

“He perdido la cuenta de cuántos días llevamos aquí,” dijo Katzir,” ya qué cada día se siente como un mes entero. Hay demasiado por hacer. Dentro de poco tendré que regresar a Israel, pero otros continuarán con el trabajo.”

El jefe de la misión de asistencia, Dana Yaari, inspecciona una casa destruida por el terremoto de agosto. (Cortesía de IsraAID)

‘He dado esperanza a la gente’

Katzir tiene una larga historia de dar ayuda humanitaria. Tras haber terminado su servicio militar en 2005, ha trabajado en Nepal, Malawi y Etiopía, de la mano con varias organizaciones, en distintos cargos.

“Entonces, tras el terremoto de 2010, me uní a IsraAID y a Tevel b’Tzedek en Haití, sin siquiera conocer algo sobre Haití,” dijo Katzir.

“He cambiado la vida de mucha gente. Les he dado esperanza. Y, entonces regresé a Israel y me convertí en un alumno más en el aula. No podía esperar a regresar. El momento en que terminé mi primer título [en agroecología, salud vegetal y biotecnología en la Universidad Hebrea], regresé a la ayuda internacional en 2012, como agrónomo, trabajando por once meses.”

Katzir regresó a Etiopía en agosto de 2013, por más de un año, lo que lo llevó a dirigir un proyecto de desparasitación regional por parte de la fundación NALA, una organización no gubernamental afiliada al Centro de Enfermedades Tropicales Emergentes y SIDA en la Universidad Ben-Gurion.

Fue entonces cuando regresó para titularse como maestro en ecología y biología evolutiva en la Universidad de Haifa.

‘Amo la conexión que tengo con la gente’

IsraAID tuvo personal israelí en Haití a lo largo de 2015, y de nuevo de 2016 a 2017, aunque siempre mantuvo socios locales, y a residentes a los que entrenó para que continuaran implementando lo que los israelís empezaron.

“Ha habido mucho criticismo del trabajo que muchas de que estas organizaciones que vinieron a Haití en 2010 no fueron sustentables,” dijo Katzir. “Algunos de los proyectos que empezaron han desaparecido tras los años. Lo sorprendente de IsraAID es que hemos mantenido el compromiso en distintas maneras. Los profesionales y grupos juveniles con los que hemos trabajado siguen estando aquí.”

En uno de los primeros días en que Katzir regresó a Haití, se reencontró con un conductor de camiones con el que había trabajado de 2012 a 2013.

“Él es un cristiano sumamente religioso y habla un poco de hebreo,” dijo Katzir. “Lo adoro. Como yo hablo haitiano, he sido capaz de hacer muchas relaciones con gente de aquí.”

Un desastre tras otro

Mientras seguía sus estudios de grado, Katzir, también ha trabajado como guía turístico en Eco Israel Tours por siete años, especializándose en África.

Hace tres años, trató de organizar un tour a Haití y la vecina nación de República Dominicana, aunque tristemente no mucha gente se inscribió en él.

“Deseo un día poder venir aquí como un guía turístico y no solo para dar ayuda humanitaria,” dijo. “Es una nación hermosa con gente, historia, cultura y gastronomía asombrosa. Pero han sufrido un desastre tras otro.”

Haití ha sufrido de estos desastres a la par de la pandemia de COVID.

“Nadie ha hablado de ello, porque hay asuntos más grandes y urgentes de momento,” dijo Katzir, al notar que, fuera de los oficiales de las ONG y personal de cuidado de la salud, la mayoría de la gente no usa cubrebocas.

Según las cifras de agosto de 2011, de la embajada de Estados Unidos en Haití, la nación de 11.26 millones de ciudadanos tiene 20,477 casos activos de COVID-19, y 575 muertes registradas.

Hasta el 14 de julio, Haití era la única nación en el continente americano en no haber recibido siquiera una sola gota de las vacunas contra COVID-19. Inclusive ahora, solo hay suficiente para el 3 –5 por ciento de la población.

“Hemos empezado a recibir reportes de que en áreas afectadas por el terremoto, algunas personas han empezado a reportar síntomas de una enfermedad similar a la gripe, y esperamos que no sea COVID,” dijo Katzir.

The Israeli Changing Lives In Quake-torn Haiti se publicó primero en Israel21C

Traducción de Mario Alberto Vázquez; editado por Mario Alberto Vázquez y Melanie Slone



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