A 500 años de la caída de Tenochtitlan, se resignifica la historia

Los mexicanos consideran la caída de Tenochtitlan, hace 500 años, como un acontecimiento histórico muy significativo. (Julio Guzmán/Zenger)

Uno de los eventos que marcó un antes y un después en la historia de México ocurrió el 13 de agosto de 1521, con la caída de la ciudad de México-Tenochtitlan — la capital del imperio mexica, gobernada por Cuauhtémoc — a manos del ejército español, comandado por Hernán Cortés, y aliados indígenas.

A 500 años de la conquista, el legado se tradujo en mestizaje, el uso de la religión católica y del idioma castellano, el desarrollo de una gastronomía compleja, de actividades comerciales que beben de ambos mundos y de una evolución en materia textil.

Para algunos mexicanos, como el sociólogo y profesor de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, César Guadarrama Leal, la llegada de los españoles también derivó en saqueo de riquezas y explotación de recursos naturales.

“No solo los españoles, [también] los portugueses y todos aquellos países …  europeos que empezaron ese proceso de expansionismo iban con la intención de llegar a estos nuevos territorios para explotarlos, saquearlos y quedarse con sus riquezas. Eso los posicionaba como los grandes reinos, las grandes potencias, como la gran Roma en aquella época, como Alejandro Magno y las Alejandría o como el Imperio Turco Otomano. Tenían esa herencia y necesidad de cubrir mayor territorio a nivel mundial”, dijo Guadarrama Leal a Zenger.

El Templo Mayor fue uno de los lugares más emblemáticos de México-Tenochtitlan, la ciudad habitada por los mexicas. Hoy, el gobierno ha reconstruido la pirámide en el Zócalo, a unos metros de los restos de la original, para conmemorar la caída del imperio mexica ante los españoles. (Julio Guzmán/Zenger)

De acuerdo con el historiador y coordinador de voluntariado del Antiguo Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México, Jonatan Chávez Sánchez, saber que hay una civilización del otro lado probablemente causó una gran impresión en los españoles, quienes por ese entonces comenzaban a dejar atrás el oscurantismo de la Edad Media y reconstruían su sociedad, tras haber concluido el proceso de Reconquista, que terminó con ocho siglos de dominación musulmana.

Según el historiador, los españoles no estaban preparados para encontrarse con los pueblos mesoamericanos. La falta de conocimiento y experiencia en sistemas de navegación los llevó a América por accidente.

“Nadie te había dicho de la existencia de algo, y de repente te enfrentas a ello. Resulta algo brutal para ambas partes. Visualizar este fenómeno histórico es comprender las dos caras de la moneda. Ambas caras son la suma de nuestra herencia cultural. Los occidentales no vinieron a conquistar América, ni siquiera prospectaban encontrar un continente. Ellos buscaban llegar a Asia en busca de las especies”, dijo Chávez Sánchez a Zenger.

La presencia de los pueblos indígenas fue clave en la caída de Tenochtitlan. Se dice que el 80 por ciento de los hombres que enfrentaron a los mexicas junto a Cortés eran aliados indígenas, en su mayoría tlaxcaltecas.

En un principio, Cortés no pretendía encontrarse con un imperio impuesto a sangre y fuego como el mexica, que había sometido a varias poblaciones indígenas asentadas en el centro y sur de México y las obligaba a pagar tributo (otorgar recursos disponibles en cada región, como textiles, comestibles, lanzas, escudos y animales salvajes enjaulados), dijo.

“Estos pueblos suelen ser vistos como traidores del país”, dijo Chávez Sánchez. De no haberse aliado con los españoles y pelear en contra de los mexicas, probablemente la resistencia de los pueblos originarios contra los occidentales habría sido mayor. Sin embargo, el terror impuesto por los mexicas los llevó a asociarse a Cortés, para liberarse del yugo al que eran sometidos, agregó.

En los vastos territorios del Nuevo Mundo había “una complejidad de etnias, pueblos, lenguas, culturas e identidades que no compartían la visión de los mexicas … No se puede hablar de una traición. El concepto de ‘México’ [como lo conocemos hoy] no existía. La construcción del Estado-nación [que es] México no tiene más de 200 años. No podemos decir que los tlaxcaltecas fueron los responsables de acabar con México, porque en realidad México no existió cuando [los españoles] se enfrentaron con los mexicas”, dijo Chávez Sánchez.

Así lucen en la actualidad las ruinas del Templo Mayor, considerado el principal templo del imperio mexica. Están ubicadas en el Centro Histórico de la Ciudad de México, que en 2021, conmemora 500 años de la Conquista. (Julio Guzmán/Zenger)

El término “malinchista”, incluido en el diccionario de la Real Academia Española, suele usarse en México para referirse a quien muestra apego hacia lo extranjero con menosprecio hacia lo propio. Se acuña a partir del nombre de Malintzin, Marina o Malinche, una mujer esclava indígena que fungió como intérprete de Hernán Cortés y a quien también suele señalarse como traidora del imperio mexica.

Pero Malintzin era una esclava y tenía la opción de obedecer a quien ella consideraba su nuevo amo; ella había tenido muchos propietarios. Además, ella no era mexica, por lo que tampoco no puede ser vista como traidora hacia este pueblo, dijo Chávez Sánchez.

Malintzin “tuvo la habilidad de aprender distintos idiomas y tuvo un papel esencial [en el proceso de mestizaje]. Desde que fue dada a Cortés, todo lo que sucedió, desde la llegada y conquista de Tenochtitlan, que fue traducido y narrado por los cronistas españoles, pasó por esa mujer”, dijo Chávez Sánchez, quien instó a resignificar su papel en la historia del país, debido a que sirvió como vínculo entre dos civilizaciones.

De acuerdo con Guadarrama Leal, a 500 años de la conquista de Tenochtitlan, prevalece cierto sentimiento derrotista en la sociedad, lo que atribuye a la narrativa con que sucedieron los hechos, la cual fue contada por los españoles.

El “seguir victimizándonos, diciendo que fuimos despojados, asesinados, maltratados no es una cuestión consciente o voluntaria. [Nuestra perspectiva] es [consecuencia de] un proceso de educación pública. No olvidemos que la historia la escribe el vencedor y la historia que hemos venido leyendo en nuestro país, en estos 500 años, es la historia que han escrito los triunfadores españoles”, dijo Guadarrama Leal, quien pidió mirar el pasado, entenderlo e interpretarlo de una manera distinta.

“A los indígenas muertos todo mundo los quiere, pero a los vivos no. A los indígenas los tratas mal, pero a los muertos, los idolatras”, dice José Manuel Cobos, danzante en el Zócalo de la Ciudad de México, para aludir a la actitud de algunos mexicanos que reverencian las ruinas del pasado prehispánico, pero tratan con desdén a las personas de origen indígena. Cobos tiene sangre española por parte de su bisabuelo, e indígena, por su bisabuela. Dice que, debido al color de su piel, a lo largo de su vida ha sufrido discriminación y sugiere que las cosas deben cambiar.

En las últimas semanas, en la Ciudad de México se han renombrado algunas vialidades y estaciones de metro y de metrobús — un sistema de transporte público de gran capacidad — como parte de la celebración de los 500 años de la caída del imperio mexica. La avenida Puente de Alvarado se cambió a Calzada México Tenochtitlán; la estación de la Línea 2 del metro, Zócalo, se cambió por Zócalo/Tenochtitlán; y la estación Puente de Alvarado, de la Línea 4 del Metrobús, cambió a México Tenochtitlan.

Cuauhtémoc fue el último gobernante mexica previo a la caída de Tenochtitlán. Hoy, su busto adorna el Centro Histórico de la Ciudad de México, flanqueado de arte que alude a la cultura prehispánica. Hay una búsqueda entre algunos mexicanos por dar nuevos significados a la mezcla entre las culturas mexica y española. (Julio Guzmán/Zenger)

Este cambio es, para Guadarrama Leal, parte del proceso de resignificación de la historia que se ha comenzado a hacer. Dice que la educación que recibirán las nuevas generaciones será fundamental para cambiar prejuicios — como el racismo y el clasismo — que, él dice, aún prevalecen y son consecuencia de la perspectiva con la que se ha abordado el encuentro o choque de culturas que se dio hace 500 años.

“Necesitamos cambiar el pensamiento, la cultura. Sin embargo, [el asunto] es como un vaso de agua y aceite. El aceite no va a salirse del vaso hasta que esté completamente lleno de agua. El siguiente paso [para los mexicanos] es la educación pública, que la que se imparta en escuelas para los niños empiece a ser desde otra perspectiva, donde no seamos las víctimas, sino los triunfadores, los que resisten a esta conquista y que al paso del tiempo se logra la independencia nuevamente. Serán los niños que empiecen a ser educados con esta nueva narrativa los que le abran paso a esta nueva manera de pensar”, dijo el sociólogo.

Chávez Sánchez dijo que hay que dejar de tener esta visión beligerante y negativa de la conquista. “No estoy diciendo que lo olvidemos. Nos dicen con recurrencia que ‘el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla’. Lo importante es conocerla para evitar incurrir en cualquier práctica que fue de uso común. Lo cultural se puede deconstruir, y lo que no necesitas, lo puedes rechazar, eliminar, y sustraer lo más rico y construir la identidad”, dijo.

Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos



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